Mitsubishi Lancer Evolution
El Evolution es la versión deportiva del Mitsubishi Lancer. Es un coche destinado a una utilización por carretera y que también sirve de base como vehículo para la competición. Está disponible con dos niveles de equipamiento: uno básico («GSR»), y otro más abundante («MR»), que cuestan 49.350 y 57.950 € respectivamente.
Cómo el anterior Evolution, el IX, tiene un motor sobrealimentado (que da 295 CV) y tracción total. La principal novedad, además de que es un modelo completamente nuevo, es que puede tener una caja de cambios automática de doble embrague, similar a la que Volkswagen llama «DSG».
Por tamaño y potencia, el Lancer es una alternativa al Subaru Impreza 2.5 WRX STI (44.900 €). Por como se desenvuelve en carreteras lentas, también lo es a algunos coches más potentes como el BMW M3 o el Lexus IS F (cuanto más revirada sea la carretera, más preferible me parece el modelo de Mitsubishi). Estos son más caros, pero también dan mayor sensación de calidad y, en el caso del Lexus, el equipamiento es más abundante.
El motor tiene una respuesta enérgica durante un régimen muy amplio (tampoco me ha impresionado). Tampoco hay un retraso notable entre el instante en el que se pisa el acelerador a fondo y el motor comienza a empujar.
Hay dos tipos de caja de cambio: una manual de cinco velocidades para la versión «GSR»; otra automática de doble embrague (denominada «Twin Clutch SST») y seis relaciones que sólo está disponible para la versión «MR» que es la que hemos podido probar.
El modo «S-Sport» hace que el motor trabaje entre 4.500 rpm y 7.000 rpm. En el circuito, con este programa activado, no he echado en falta que el cambio redujese una velocidad en (casi) ninguna ocasión algo que sí sucede con el «Sport». El programa «S-Sport» hay que conectarlo con el coche parado o circulando a menos de 10 km/h; el mando de selección está junto a la palanca de cambios.
Los asientos deportivos Recaro que tiene de serie recogen muy bien el cuerpo y no resultan incómodos para viajar en ellos. Hay dos detalles que empañan el puesto de conducción. Son la ausencia de reglajes de profundidad, para el volante, y de altura en el asiento. Este último lo echarán en falta los conductores de poca estatura; el otro los más altos.
